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sábado, 10 de octubre de 2020

Día 9

 Noche

Las noches allí eran distintas. Corría una brisa tibia los días de sol, fresca los días de lluvia. El cielo se cubría por un manto de estrellas y nubes que no dejaba a nadie indiferente. Casi todas las miradas se alzaban y las bocas se abrían con asombro e ilusión. De vez en cuando se podían ver estrellas fugaces y los más pequeños se atrevían a formular deseos en voz alta. Los más mayores lo hacían en silencio.

Las noches despejadas eran las más bonitas. Blanca acostaba a los niños más tarde para que pudieran ver la luna un poquito más que de costumbre. Luego, era ella la que tardaba en irse a dormir solo por ver la luna unos minutos más. La luz de la luna bañaba de blanco todo a su alrededor y a ella le gustaba verlo desde la colina. Solía escabullirse allí cuando los niños se dormían y podía tirarse horas embobada mirando el campamento iluminado. Los pocos días de luna llena eran aun mejores y Marcos acababa arrastrándola a la cabaña al despunte del amanecer.

Blanca adoraba la noche, la luna, las estrellas y el color azul que teñía el cielo. Le gustaba contemplar la silueta de las montañas bajo las estrellas y fantasear con qué criaturas se despertarían en el bosque al toque de la oscuridad.

Las noches allí eran distintas porque nunca reinaba un silencio absoluto y siempre te sentías acompañado. Los murmullos de las cabañas traspasaban las paredes, las voces de los monitores en reunión hacían eco en el comedor, las risas del staff de cocina cruzaban el campamento. Pero a todo el mundo parecía gustarle. Los paseos nocturnos buscando la cabaña más ruidosa, los flashes de las linternas huyendo de los monitores, las pisadas apresuradas y los alientos cortados cuando estaban a punto de pillarles.

Las noches allí eran distintas porque podía llevar sudadera y pantalones cortos. Porque Vi le daba un beso de buenas noches en la mejilla derecha y Marcos en la izquierda. Eran distintas porque cuando le entraba la risa floja no se quedaba sola, porque siempre había una lucecita encendida y usaba las camisetas de Marcos como pijama. Eran distintas porque cuando Vi tenía pesadillas saltaba a su cama.

Las noches allí eran distintas porque el miedo a la oscuridad parecía algo irreal.

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