Demonio Interior
No
quedaba ninguna luz encendida dentro de él. Ni siquiera el atisbo de una llama
o los restos de una vela. Tampoco era oscuridad lo que le invadía por dentro
sino más bien, la nada. Por el contrario, sí había ruido. No mucho pero el
suficiente para atormentarle día y noche. No le bastaba con lidiar con la ausencia
de vida en su interior mas ahora le tocaba enfrentarse a aquellos rugidos que
se intensificaban con el paso de los días.
Sospechaba
que aquellos ruidos tenían formas y eran corpóreos pues con el paso del tiempo
les fue sintiendo anclados en sus adentros. Arañaban sus entrañas con la esperanza
de romperle y gritaban falsos auxilios para poder escapar. Pero él, no les
dejaba. Se burlaban, suplicaban, los rugidos cobraron sentido y tomaron forma
de palabras. Pero él, no cedía.
Quebró
a los días, en silencio y a escondidas, sucumbido por la negrura del abismo que
solo precedía al vacío. Fue rápido, más de lo que le hubiera gustado, y
placentero. Fue consciente de cómo se desinflaba y disfrutó del momento, aun
sabiendo que no debería. Pero no dijo nada, no puso ninguna barrera, liberó a
su suerte a los demonios que tanto tiempo había estado criando. Y estos, le
remataron.
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