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lunes, 3 de octubre de 2022

Día 3

3. AMOR


Olivia se separó del espejo para verse mejor de cuerpo entero. Los últimos cinco minutos los había pasado con la cara pegada al cristal quitándose cuatro pelos del entrecejo. Resopló. El outfit no le gustaba, se veía de todo menos guapa. Pero ya iba tarde así que añadió una chaqueta de pana al conjunto, se ató las zapatillas negras y bajó las escaleras de dos en dos. Estaba nerviosa y tenía que descargar energía, así que en el último tramo derrapó y casi se estampa. Se miró por última vez en el espejo de la entrada e hizo un amago de sonreír. Un torrente de mariposas se apoderó de su estómago.


Sara se hacía y deshacía la coleta una y otra vez. Ningún peinado le convencía pero tenía que salir de casa en cinco minutos o llegaría tarde. Miró el ramo de flores con el rabillo del ojo, quizá se había pasado tres pueblos pero le había hecho tanta ilusión comprarlo…Decidió deshacerse la coleta por última vez. Se retocó el pintalabios y gritando un “adiós” salió por la puerta. Tenía la piel de gallina y dudaba que fuese del imperceptible frío. 


El autobús de Olivia llegó a su hora. De un brinco se subió y conectó los cascos. Sara casi perdió el metro y tuvo que correr, pero se montó a tiempo. Ambas iban escuchando la misma canción pero no lo sabían. No se habían escrito desde aquella mañana que habían acordado la hora y el sitio. Somewhere only we know sonaba en ambos pares de auriculares aunque en el de Sara era la versión de Glee la que le hacía canturrear por lo bajo. Olivia sujetaba con fuerza la bolsita con aquel detalle que había comprado en un momento de euforia y en aquel momento se replanteaba su decisión. Era demasiado infantil, cursi…Sara acunaba las flores como si fuesen un bebé y las atraía hacia su pecho cada vez que alguien pasaba cerca. Desde luego, pensaba, haría el rídiculo. 


Ambas se bajaron dando pequeños saltitos. Las botas de Sara se atascaron en una alcantarilla. Olivia tuvo que atarse las zapatillas dos veces por el camino. Llegaron casi a la vez. Las dos sonrisas se dibujaron con la misma rápidez y dulzura.


—Hola—musitó Olivia con los ojos brillantes y los nervios en flor de piel.

—Hey, estás preciosa. —respondió su novia abalanzandose a abrazarla. Tuvo cuidado de no cargarse las flores. Olivia respondió al abrazo besandole las mejillas repetidas veces.


Cuando se separaron ambas estaban sin aire, pero sus sonrisas eran el doble de amplias. Sara fue la primera en hablar.     


—Esto… antes de que vayamos a cualquier lado, tengo algo para tí…—murmuró intentando esconder las flores. —Sé que no llevamos muchísimo pero hay una cosa que te quiero decir, puede que de asuste pero no hay que reprimir los sentimientos. Verás, Oli, en verdad nos conocemos de hace mazo y aunque saliendo llevemos un mes yo …—Sara buscó ayuda en las baldosas del suelo. Si aquello iba mal se iría a casa enseguida. Notó la cálida mano de Olivia en su hombro en señal de apoyo y curiosidad. Cogió aire y se preparó para las siguientes dos palabras.


Pero fue Oli quien habló. De repente y con la voz temblorosa. Casi inaudible. La chica tuvo que tragar mucha saliva para sacar algo de voz de la garganta. 


—Te quiero.

—No puede ser…

—¿ Qué? — Una lagrima se asomó en el ojo derecho de Olivia.

— No puede ser porque iba a ser yo la que de iba a decir que de quería…


Los ojos de Olivia se abrieron como platos.

—¿ Me quieres? 

—Te quiero.

—Yo también te quiero.



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