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lunes, 12 de octubre de 2020

Día 12

Estación favorita

Detestaba el verano pero no le quedaba otra que superarlo. El calor, el sol, las camisetas cortas…nada, nada de eso le gustaba. Por suerte allí donde estaba había días en los que podía llevar sudadera e incluso pantalón largo. Odiaba hasta el concepto de vacaciones, amigos, fiesta y piscina. Luego, lo disfrutaba, pero en su interior se quejaba. En cambio adoraba el otoño. Era muy típico y lo sabía, pero le daba igual. El sonido de las hojas crujiendo bajo sus pies, los tonos marrones, mostazas y rojizos que teñían el ambiente, el olor a castañas y a calabaza, los cafés con espuma de leche por encima y las sudaderas. Pensaba que la temperatura era la ideal, que los árboles volvían a la vida perdiendo sus hojas, que la lluvia depuraba el aire y que la luna brillaba más en otoño. Donde él vivía no había bosques, por no haber no había ni árboles así que la imagen de aquel lugar en otoño se le presentó alucinante.

Además, el otoño traía consigo nuevos comienzos o así lo veía él cada 21 de septiembre. Rutina, cuadernos nuevos, libros, lápices, bolis, cafés apurados en la cafetería de la universidad, paquetes de clínex de ruta por sus mochilas y post-it con notas que jamás serían recordadas. Temporada de estudiar, de emocionarse por Halloween como un niño, de verse todas las películas de miedo habidas y por haber y rememorar los clásicos del cine sobrenatural. Y por supuesto, de devorar libros de dark academia y recomendar El Club de los Poetas Muertos a todo el qué le pedía consejo.

Quizá era demasiado amante del otoño y su brisa, quizá se sentía más seguro dentro de lo conocido, de la seguridad que le daba una rutina, entre libros, folios arrugados y tardes de biblioteca. Quizá el otoño le gustaba porque en él no desentonaba, porque encajaba con su ambiente.

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