Corazón roto
—Marcos...¿alguna vez
has estado enamorado?
—Pero Riley, ¿qué
pregunta es esa? —respondió este enrojeciendo por momentos. Trató de disimularlo
concentrándose en la pulsera que estaba haciendo.
—Pues una pregunta…¡a
Vi también se lo he preguntado y ella sí me contestó! —la niña hizo un puchero y
pestañeó repetidas veces. Marcos arqueó las cejas divertido: con que Vi iba
contando sus cosas…probablemente le mintiera, pero no iba a ser él quien se lo advirtiera
a Riley. — Porfiii….— suplicó poniendo de nuevo cara de cachorrito. Él soltó
una carcajada que no fue bien recibida por la pequeña.
—
Bueno pues nada, que sepas que eres un
soso. Ya no eres mi monitor favorito. — añadió dándole la espalda y arrebatándole
las cuentas para las pulseras.
Marcos
dudaba de que en algún momento él hubiera sido su monitor favorito pero se permitió
sentirse mal cuando le llamó “soso”. Podían decirle todo lo que quisieran de
que solo era una niña, un comentario, etc etc pero era monitor y estaban en un
campamento. Aquellos comentarios ocultaban mucha verdad por no decir que eran casi
siempre completamente ciertos ¡y como monitor, le afectaba! Y era lógico. Así que
dubitativo se movió al lado de la niña e hizo un tierno intento de arreglarlo devolviéndosela
inocentemente.
—
Riley, ¿has estado alguna vez enamorada?
—La niña le miró fijamente como si estuviese estudiándole por primera vez. Tras
unos segundos de vacile, contestó.
—
No
La
respuesta fue clara y concisa. Marcos volvió a reírse pero esta vez trató de no
hacerlo muy sonoro. Aun así, la niña no parecía conforme.
—
¿Por qué te ries? Yo he respondido, tu
no. ¿Tanta vergüenza te da?
—
Es que pensaba que no me ibas a responder.
—
Ah…pues es que yo paso de los niños…son
muy pesados.
—
¿Y de las niñas? — dejó caer el monitor
aun sabiendo que cualquier paso en falso en aquella conversación podría traerle
problemas.
—
También, son muy pesadas también. ¡Y
que soy pequeña!
—
Sí sí, eres pequeña, eso desde luego…— Marcos
disimuló el orgullo que acababa de sentir al escuchar la respuesta. — ¿Y qué
respondió Vi…? Si se puede saber claro.
—
No te lo voy a decir — Riley le
arrebató su pulsera de las manos y se puso a terminarla ella. Marcos la miró desubicado.
— Tardas mucho, no es tan difícil hacer una pulsera. ¿Me vas a responder?
—
¿Por qué quieres saber eso?
—
Por nada…—la niña insertó una cuenta con
forma de corazón en el hilo. Él seguía todos sus movimientos cada vez más
confundido por la situación. Riley tenía tan solo diez años, debía de
recordarlo en todo momento.
—
Riley….
—
Es que…
—
Riley…
—
Bueno, vale, es que Vi me dijo una cosa…—
Marcos estaba convencido de que la niña acabaría hablando y cada vez le costaba
más fingir desinterés por la conversación. Su curiosidad había suplantado al
rol de monitor.
—
¿El qué?
—
Los secretos no se cuentan…
—
¡Entonces no te voy a responder a la
pregunta! — se burló de ella.
—
Vi me dijo que te rompieron el corazón…—
aquello no se lo esperaba. Tragó saliva fuertemente.
La
mirada de la niña estaba fija en él, compasiva, con ternura. Como si ella fuese
la adulta. Marcos revisó todo su arsenal de reacciones buscando la más adecuada
para aquel momento. Pensó en albaricoques, margaritas…margaritas no, que
lloraba. Pensó en almendras, mapas y libros, aquello reprimió un sollozo. El
objetivo era distraerse. ¿Cómo debía de actuar? ¿Cómo si fuese mentira? Sí, tenía
que quitarle importancia, no dejarse llevar por la emoción. Riley seguía observándole
sin parpadear y el forzó una sonrisa pero la niña no era tonta y ya era tarde
para escapar.
A
pesar de que su mente había conseguido maquinar en tiempo récord el plan
perfecto (reírse, levantarse, aclararle que no era cierto e irse), su rostro relejaba
dolor y pena. Antes de que pudiera marcharse
y hacer como si nada (pues estaba casi seguro de que ella no iría corriendo a contárselo
a nadie) notó como la niña depositaba algo en su mano. Le había dado la pulsera
con la cuenta de corazón.
—
Bueno, este está entero y es nuevo. Úsalo
bien y cuídalo. — y corriendo, se alejó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario