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jueves, 15 de octubre de 2020

Día 14

Hogar

Las sirenas de los coches de policía aturdían sus oídos. Le molestaba el ir y venir de la gente, la luz de las linternas, la lluvia, los gritos. Sobre todo detestaba los gritos.

En una esquina del comedor, acurrucada contra la pared se había permitido estar mal. Estar un rato sola, mal, llorando y gritando. Porque se lo merecía o más bien, lo necesitaba.

      Demasiadas noticias de golpe, demasiadas malas noticias, demasiada pena.

—¡Solo quiero ir a casa! —había sollozado unas horas antes delante de los policías. —A mi casa, a mi casa, allí, en Madrid. A mi hogar. Quiero ir allí. —continuó suplicando durante horas pues sabía que iba a regresar más tarde de lo previsto.

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