Diario/libros
El
cuaderno estaba al fondo de una de sus tres maletas. Llevaba casi un mes allí y
todavía no lo había sacado, un logro para ella o ¿era más bien vergüenza? Lo
era, efectivamente. Echó un vistazo fuera de la cabaña, no había nadie a la
vista. Supuso que estarían aprovechando el día de descanso para darse un baño
en la piscina. Le parecía perfecto que aquellos dos estuvieran fuera de su
vista, así podía escribir sin sentirse observada, o interrogada o básicamente,
sin estar incomoda. Sacó el viejo cuaderno cuyas tapas estaban desgatadas por
el paso de los años y desenganchó el bolígrafo que sorprendentemente había
aguantado todo el viaje en las anillas sin caerse. Se acomodó en su litera con
la espalda pegada a la almohada y el moño aplastado contra la pared.
Abrió
por la primera página y las palabras se escaparon por su mente como si hubiesen
estado encerradas durante demasiado tiempo. Quizá sí, habían estado cautivas más
de lo que deberían.
La
tinta del bolígrafo dibujó letras simétricas mientras buscaba la manera de
darle sentido a todo aquello que necesitaba decir: “Querido diario”, comenzó, “hoy
tengo mucho que contarte…”; y con una sonrisa inocente que en otras circunstancias
le hubiese dado pudor, se sumergió entre las páginas en blanco.
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