Cafetería (un poco cutre)
—
¿Habrá una cafetería? —preguntó de
repente Blanca.
—
Yo qué sé—Marcos levantó una ceja
confundido.
—
A ver, debería ¿no?
—
Blanca, vamos a un pueblo perdido en
las montañas de Estados Unidos. Quizá el concepto de cafetería chachi, bonita,
con buena iluminación lo han dejado para Nueva York…—añadió Violeta sin despegar
los ojos de la carretera.
—
Ah bueno, eso puede ser pero yo quiero
café…café café…—Marcos y Violeta cruzaron miradas y se echaron a reír.
—
¿Qué? —Blanca levantó ligeramente la
voz con un tono de reproche.
—
Que bebes demasiado café amor mío, todo
el día vas con el poto o la taza hasta arriba de café…
—
Ya Vi, es que no todas dormimos como tú.
—
Oye yo precisamente no duermo muy bien….
—
Pero sobrevives sin café. Lo de Marcos
es de primero de bebé de tres meses porque duerme mazo.
—
Bueno pero…..—el aludido se pasó la
mano por el pelo nervioso. Violeta volvió a soltar una risotada.
—
Oye, en serio, quiero café. Aunque sea
descafeinado. Si es en una cafetería preciosa mejor si no…me conformo con café.
—
¿Qué tal ese sitio? —señaló Marcos a un
edificio en medio del camino. Un cartel medio descolgado anunciaba “Cafeteria &
more”. No inspiraba mucha confianza pero Blanca pegó la cara contra el cristal
y sonrío.
—
Perfecto, Vi, para el coche. Salte al
desvío.
—
¿Cómo?
—
Que te salgas, vamos ahí.
—
Os odio….—Vi fulminó con la mirada a
Marcos quien río dejando ver una sonrisilla divertida.
—
¡Vamos vamos! Que el café lo necesito
ya —Blanca se bajó del coche en cuanto Violeta se desvió en dirección a la cafetería
y aparcó el coche de malas maneras. Estaban solos y a los dos les recorrió un
escalofrío. Oyeron como Blanca entraba y el tintineo de unas campanitas cuando
la puerta rebotó. Fueron tras ella ligeramente preocupados pero cuando entraron,
haciendo sonar las campanitas otra vez, se encontraron con su amiga estática,
con la boca abierta y los ojos como platos. Pero no estaba asustada, estaba
asombrada.
—
¿Veis esto…?
—
Sí pero….
—
¿No es maravilloso? —Blanca se acercó
dando saltitos a la barra dejando a sus amigos confusos observando su alrededor.
El sitio por dentro ganaba bastante, estaba decorado como si fuesen los años
cincuenta, incluso tenía maquinas que se usaban antes como tocadiscos. Pero más
allá de aquello la cafetería parecía bastante normalita. Una mujer entrada en
los cuarenta con una amplia sonrisa tomaba nota del pedido de Blanca. Los otros
dos se acercaron apresurados repitiendo en sus cabezas el café de Blanca, se lo
habían aprendido de tantas veces que lo tomaba: con dos de azúcar, dos dedos y
medio de café y leche. Si el azúcar iba primero mejor.
—
¿Qué? ¿Qué te parece?
—
Es precioso, gracias..
—
Te conformas con tan poco…alucinante
amiga, alucinante.
a
—
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