Vampiros
—
¡Tía tía tía! ¿qué es eso? ¿qué es eso?
—
¿Qué es qué? —respondió la aludida. Era
de noche, hacía frío (más de lo normal) y Blanca estaba tan concentrada en calentarse
las manos que no se estaba dando cuenta de nada.
—
¡Eso! Eso qué se acerca…—continuó
Violeta con un deje de preocupación en su voz.
—
¿Cómo que “eso” que se acerca? Será un
perro.
—
No sé, si levantaras la mirada del suelo
a lo mejor verías algo, porque eso no es un perro, créeme. —Blanca levantó
los ojos del suelo y resopló. ¿Cómo no iba a ser un perro? Quizá era una
persona…pero ¿eso? ¿qué es un eso? Miró a la dirección que Violeta señalaba.
Esta estaba casi temblando y no parecía que fuera de frío. Una silueta negra,
más grande que la de un hombre, se acercaba despacio pero decidida. Su sombra
proyectaba dos grandes alas en su espalda. Blanca se estremeció y por impulso agarró
la mano de Vi. Esta le miró miedo y apretó más fuerte.
—
Tía…es un monstruo.
—
¿Cómo va a ser un monstruo? —Blanca
tragó saliva tratando de calmarse. —Será alguien disfrazado…
—
Pues es un disfraz muy logrado…
—
No sé, ¿le preguntamos?
—
¿Pero cómo vamos a preguntarle?? ¿Tu
estás loca? Parece un vampiro tía, ¿te imaginas qué es de verdad?
—
Pero ¿te estás escuchando? ¿un vampiro?
¿de verdad?
—
¡Qué sí tía! Mira, cuando se acerque
más nos escondemos y le miramos los dientes. A ver si abre la boca…
—
Vi cariño, creo que se te está yendo…
—
¿Y si la máquina de Marcos ha
funcionado y hemos viajado a otro mundo de verdad?
—
¡Violeta! Párate a escucharte un
segundo ¿vale? Además, mira, ya se acerca. ¿Ves? Es una persona disfrazada…—pero
ni Blanca conseguía creerse sus propias palabras cuando el susodicho se acercó.
Las alas parecían tan reales y sus dientes…les estaba sonriendo a ellas y su dentadura
presentaba dos colmillos afilados. No les miraba pero ellas sabían que él sabía
que estaban ahí.
—
Tía…hay que correr... vámonos… ¿dónde
está Marcos? ¿Dónde está su máquina? Blanca vámonos. —Pero Blanca se había
quedado quieta, mirando fijamente desde su escondite al misterioso hombre.
Parecía hipnotizada. Examinaba cada detalle de las alas, de la capa que hasta ese
momento no había apreciado, de los colmillos…los labios que se relamía. Cómo les
esperaba, altivo, con las manos cruzadas apoyadas en el mentón…¿quién era? Y lo
más importante…¿dónde estaban? La lúgubre voz del hombre le sacó de su
ensimismamiento.
—
Buenas noches, no tengáis miedo, no os
voy a tocar. No por ahora claro. Venga, dad un paso adelante. Me gustaría
veros.
Violeta
ahogó un grito y se echó a llorar, pero Blanca, para sorpresa de su amiga, dio
un paso adelante. Vi trató de impedírselo pero la joven ya había salido del escondite
y miraba fijamente al desconocido.
—
¿Dónde estamos? —su voz sonó segura,
decidida. Él desconocido arqueó una ceja sorprendido. —Y…¿quién sois?
—
¡Oh! ¿No sabéis dónde estamos? Estamos
en La Otra Dimensión por supuesto, un lugar parecido al vuestro pero con
ciertas…diferencias. Sí, llamémoslas diferencias. En cuanto a quién soy yo, es
algo que iréis descubriendo según nos vayamos conociendo. —respondió riendo
maliciosamente.
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