Páginas

lunes, 5 de octubre de 2020

Día 5

 Recuerdo inolvidable

Fue un recuerdo fugaz el que atravesó su mente como una flecha. Apenas pudo acordarse de dónde venía o qué mostraba más allá de ella. Fue tan solo un segundo pero la risa se escuchó como si estuviera a su lado, la sonrisa se le apareció por arte de magia y sus trenzas danzaban de nuevo a merced del viento.

Parecía que estaba otra vez allí, en mitad del bosque con la cara pintada correteando con ella. Con las manos manchadas de pintura y tratando de no caerse le perseguía con intención de mancharla. Ella corría y corría mientras la niña no paraba de reírse, pero no llegaba a alcanzarla. Al final, ella paró en seco para darle ventaja a la pequeña y se giró buscándola, pero esta ya no estaba.

Se acordó de que al principio había seguido riéndose, pensando que se trataba de una broma pero que al cabo de unos minutos dejó de hacerle gracia. Al principio había susurrado su nombre, “Riley, Riley sal de donde estés” había dicho. El recuerdo cayó sobre ella como una losa devolviéndole al momento exacto en el que juraba que su corazón había dado un vuelco cuando sus ojos no encontraron a la pequeña. Recordó dejarse la voz gritando sola por el bosque, aumentando el volumen y la intensidad según avanzaba. Nunca supo si actuó bien cuando apareció en el comedor casi sin respiración, sollozando y balbuceando que “Riley se había perdido”. Sabía que al principio nadie le dio importancia, y todavía era capaz de evocar la rabia que sintió cuando solo unos pocos le acompañaron a buscar. Se acordaba del momento en el que la ansiedad se apoderó de ella y no la dejaron seguir buscando.

No recordaba haber sentido miedo ni haber perdido la cabeza como aseguraron sus compañeros después. La niña se había ido, se había perdido, había desaparecido delante de ella y no había conseguido salvarla. Si había una culpable en todo aquello era ella. Solo ella.

Estaba segura de que jamás olvidaría el momento en el que le dieron la noticia y como se cayó de rodillas al suelo sin ser dueña de si misma, presa de una ira inhumana mezclada con la más profunda tristeza. Después de eso apenas recordaba casi nada. Su memoria estaba borrosa, como si ella misma hubiera querido difuminar lo que pasó después. Probablemente era mejor así. Balbuceó su nombre entre un mar de lágrimas como siempre hacía cuando rememoraba aquel instante, ese fugaz segundo en el que se giró y la niña ya no estaba.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Día 3

3.  AMOR Olivia se separó del espejo para verse mejor de cuerpo entero. Los últimos cinco minutos los había pasado con la cara pegada al cri...