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domingo, 25 de octubre de 2020

Día 25

  Borrachera

—  Llevaba demasiado tiempo sin beberme una cerveza y mirad como me sienta. —protestó Blanca. Marcos y Violeta se rieron.

—  Tía que llevas solo una jarra, que bebes muy despacio, míranos a nosotros con dos. Vamos perfectos. —replicó Vi.

—  ¡Pero porque tenéis más aguante! ¡Y son de un litro casi! Voy a pedir otra…—Blanca se levantó violentamente.

—  Oye, que fácil es verla enfadada cuando lleva alcohol en el cuerpo ¿no? —aprovechó para decir Marcos.

—  La verdad que sí, quiero verla con más de una jarra….aunque es un poco exagerada, ni de coña llegan a un litro. Pero sí, sería curioso verla algo borracha.

—  Ya….pero no quieres verla enfadada ¿verdad?

—  ¿Qué?? No no claro, pero no sé qué estás insinuando ¿nos pido otra? —contestó Vi excesivamente nerviosa.

—  Tranqui lila, tranqui que era una broma…—se disculpó Marcos—voy yo a por otra. 

—  No me llames lila, y además, cómo si tu no quisieras lo mismo.

—  ¿Verla desestresada y alegre? Sí, ¿quieres entonces otra no?

—  Pues ya está….sí porfa.

Blanca volvió justo en ese momento con una jarra en la mano y una gran sonrisa.

—   ¡Ay! El camarero es guapísimo, hemos estado hablando…¿Marcos vas a por más? Voy yo no pasa nada. —soltó antes de sentarse. Marcos no había dado ni un paso.

—   ¡Amiga! Ya sabemos porque has tardado tanto. —rio Violeta.

—   ¡oye que solo estaba haciendo un amigo! Voy a volver, supongo que queréis los dos ¿no?

—   Vas chispilla con una jarra Blanquita, esto es impresionante.

—   No voy chispita, soy así, alegre.

—   Sí, lo eres, pero no últimamente….

—   Vi, para. —cortó Marcos. Blanca encogió los hombros y agachó la cabeza.

—   Voy a por vuestra cerveza. —musitó en voz baja alejándose.

—   Violeta, ya lo has fastidiado. Igual la que va borracha eres tu.

—   Oye no he hecho nada, salvo decir la verdad…

—   ¿Pero no ves que no haces ningún bien recordándoselo? Deja de beber que las jarras son demasiado grandes e igual no tienes tanto aguante.

—   Marcos en serio…

—   De en serio nada —volvió a cortarle el chico —ese comentario sobraba. Sabes como es.

—   No creía que fuera tan frágil, joder.

—   Parece que no la conoces, me voy con ella, quizá el camarero sea más interesante que discutir contigo.

 

Día 24

Un suceso vergonzoso

—   Riley…

—   ¿Qué?

—   Creo que me hecho pis…¿me acompañas a avisar a Blanca?

—   ¿Qué te has hecho pis? Tienes tres años —se rio la niña de trenzas rubias.

—   Jope Riley….ha sido sin querer, porfa ven conmigo que me da miedo…

—   Qué vergüenza, tienes miedo y encima te haces pis.

—   Bueno, vale, déjame en paz, ¿vienes o no?

—   Voooooy, solo porque quiero ver la cara de las monitoras…

—   Eres muy mala, muy mala, pensaba que éramos amigas.

—   Vengaaaaaa que no es para tanto, solo me estaba riendo un poco, yo también tengo miedo de la oscuridad.

—   ¿Ah sí?

—   Sí, pero no lo cuentes que me da vergüenza.

Día 23

 Sangre

Todo estaba manchado de sangre: la ropa, su cabello, antes rubio, su carita, sus manos…toda ella estaba manchada de sangre. Blanca no reprimió el vómito que se mezcló con el líquido granate.

 Sus propias manos estaban manchadas de sangre, de una sangre que no era suya. No podía creérselo. Alguien le agarró y tiró de ella. Pero no podía irse, no podía dejarla allí. El charco de sangre se le hizo profundo. Pataleó y salpicó a quienes le rodeaban. Todo manchado de sangre, toda manchada de sangre. Solo era capaz de ver sangre.


Día 22

Viaje en el tiempo

Ninguno de los tres había planeado acabar en la prehistoria. Como mucho, muchísimo….en la Edad Antigua, ¿pero aterrizar antes de la escritura? Ni por asomo. Al menos no era la época de los dinosaurios, pensó Blanca. Los tres estaban pegados a las ventanas del automóvil con la boca abierta.

—Lo hemos conseguido….—musitó sorprendido Marcos.—Regreso al futuro es real, hemos….he…hemos…hemos viajado en el tiempo. ¡Hemos viajado en el tiempo!

Ninguna de las chicas sabía qué decir, llevaban tanto tiempo preparando aquel viaje, soñando con aquel momento de arrancar el motor y simplemente…Salir volando y viajar. 

sábado, 24 de octubre de 2020

Día 21

 Inframundo

—   ­Serás la doncella más preciosa que haya conocido este lugar.

—   Yo, no….no lo creo, no quiero.

—   ¡Claro que lo vas a ser! Y debes querer….

—   Perséfone, yo no soy como tu...

—   Lo sé, mi niña, sé que no eres como yo….

—   ¿Entonces? ¿Por qué me toca a mí?

—   Porque él lo ha decidido así, yo no puedo cambiarlo…—Perséfone trenzaba el cabello de Violeta con delicadeza. Sus manos se entretenían más de la cuenta para acariciarla. Era incapaz de hacer más, no sabía cómo tranquilizarla más.

—   Pero ¿por qué yo y no otra? —insistió Violeta.

Perséfone no sabía la respuesta, se lo podía imaginar porque le conocía pero a ella también le extrañaba aquella elección. La joven era directa, sarcástica, furiosa y peleona. No era dulce, ni mansa ni sumisa…como a él le gustaban. Quizá quería un reto y jugar con ella. Se estremeció. Aquella doncella le recordaba a ella misma hacía unos años, cuando todavía era libre y trataba de rebelarse contra todo. Luego, se sumió en una eterna agonía de arrepentimiento y condena que arrastraba todavía.

—   Porque pensará que eres la más guapa…—mintió. Violeta arqueó una ceja que La Reina del Inframundo vio a través del espejo.

—   No quiero que me deseen por ser guapa…y ella…ella era más guapa que yo. —la voz de Violeta se quebró cuando se acordó de Blanca. Una lagrima brotó de su ojo derecho y abrió paso a una cascada de lágrimas.

—   No llores mi niña, no llores…estará bien, te lo prometo. —Perséfone le abrazó por la espalda como una madre. Violeta le cogió la mano y la propia Reina tuvo que contenerse el llanto.

—   ….¿me hará daño? ¿qué me va a hacer? No quiero, tengo mucho miedo….no quiero por favor, no le dejes. —la joven temblaba y Perséfone ansiaba aferrarla muy fuerte y no dejarla ir. Abrazarla hasta que dejara de llorar.

—   No mi niña, estarás bien, él te tratará bien. —quiso sonar más segura de lo que estaba. Enganchó las lilas en las trenzas y puso la corona sobre su cabeza. Parecía una reina.

—   Estás preciosa, Violeta. Eres preciosa, no solo por tu rostro mi niña, tienes un corazón puro. —Violeta escuchó sorbiéndose las lágrimas. Miró a su nueva Reina, a la mujer del que la había reclamado, la mismísima Perséfone.

—   Perséfone…¿alguna vez es primavera aquí abajo? —preguntó serenándose. La duda pilló por sorpresa.

—   Sí cariño, a veces, traigo la primavera entre los muertos. Ahora, camina como si fueras una reina, mi niña. Él te está esperando.

    Tu eres la Reina, gracias…—murmuró antes de que dos armaduras negras la agarraran de los brazos y la sacaran de la habitación. Perséfone suspiró, esa joven era la primavera, quizá volviera a haber luz algún día en el inframundo.

martes, 20 de octubre de 2020

Día 20

 Espacio

—   Tripulantes de la nave “Días Soleados” están ustedes a punto de alunizar en la estación espacial de Lunática 225. Por su seguridad les recomendamos abrochar los cinturones y mantener los asientos en vertical. Les recordamos que antes de bajarse de la nave deberán ponerse el casco y el mono adecuado. Esperemos que su estancia sea agradable, un placer haber viajado con ustedes. Ahora les dejo con la información turística:

*tin ton tin* “queridos pasajeros, la estación espacial Lunática 225 les ofrece distintos servicios de ocio y restauración para su uso y disfrute. Así como los servicios más indispensables para su estancia. El centro comercial “La NOSE” es el más grande de toda nuestra galaxia. Cuenta con más de cien tiendas y boutiques especializadas tanto en moda terrestre como en moda marciana. Las últimas tendencias en cualquier estilo. Además, tiene más de cincuenta restaurantes con gran variedad de platos y bebidas. Podrás probar desde batidos ultrasónicos hasta hamburguesas galácticas. El centro también cuenta con salas de proyecciones, visionados de la Tierra en nuestro propio Terrario y diversos sitios de maquillaje, peluquería y demás. A su lado tenemos el Superestrellado en el que se encuentran todos los productos necesarios para el día a día a precio razonable. Hoy están de oferta y los ¡helados criogenizados solo cuestan 0,50 asteroides! No perdáis esta oportunidad (…) “

—   Pss, Violeta, que ya llegamos, ¡despierta!

—   ¡ay, Marcoooos! Ve a molestar a Blanca.

—   Blanca está despierta y está mirando por la ventana…

—   Pues mira con ella.

—   Vi ¿en serio? Estamos de viaje en el espacio y ¿lo único que se te ocurre es seguir durmiendo?

—   No, o sea, sí, pero cuando lleguemos me despierto…

—   Violeta ¡por la madre de las estrellas! ¡que ya estamos llegando!

—   Vale, vale ansias…

—   Mira, mira la ventana como hace Blanca, vas a flipar.

 

lunes, 19 de octubre de 2020

Día 19

Universidad (cutre también pero cero ideas)

Pocas cosas le gustaban más que ir a la universidad, sentarse en la última mesa de la tercera fila (daba igual la clase), sacar el ordenador, sacar la botella de agua, estirarse en el asiento y esperar a sus compañeras. Estas llegaban a la hora, él cinco minutos antes. Le gustaba la biblioteca, el olor a libros, el ruido de los teclados, los suspiros de alegría cuando alguien aprendía algo y los resoplidos cuando miraban el temario.

La universidad era para él su pequeño mundo de gente con intereses curiosos que le daban mucha pasa y muchas risas. Estudiaba un poco más de lo suficiente, sus notas estaban dentro de la media, leía mucho y salía de fiesta con la gente de su clase. Por suerte, o por desgracia, eran muy pocos y habían hecho piña casi todas. Compartían cafés y apuntes, ánimos y lágrimas, céntimos, copas, comida….tenía mucha suerte y él era muy consciente.

Aquel día llovía y su paraguas había decidido que ese día era perfecto para jugar al escondite. Del metro a la facultad tenía unos diez minutos que sin estar en forma se los hizo en cinco. Amaba la lluvia pero no cuando iba cargado de cosas, sin chaqueta o paraguas, a las nueve menos cuarto de la mañana.

Aquel día no era el primero en llegar, no tenía batería en el ordenador y su café se había quedado frío. La botella de agua estaba vacía y no le quedaban clínex. Su sitio estaba ocupado, frunció el ceño pero no dijo nada. Aquel día no era un buen día.

Pero le daba igual. Le daba igual haberse empapado, que los pasillos se le hubieran hecho interminables, tener que sentarse en primera fila y no tener café ni en la máquina de la cafetería. Le dio igual no saludar a sus compañeras aquella mañana, ni tener el ordenador apagado toda la clase.

Aquel día no estaba a lo que tenía que estar. Aquel día llevaba en mente el amargo recuerdo de un verano sorprendentemente dulce que jamás se repetiría. Aquel día solo pensaba en una cosa y no era en la universidad. Era más dolorosa, más estresante y mucho más bonita. Pero no era la universidad.

Día 3

3.  AMOR Olivia se separó del espejo para verse mejor de cuerpo entero. Los últimos cinco minutos los había pasado con la cara pegada al cri...