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lunes, 11 de julio de 2022

Reto Nº 2: narrador en 2º persona

 El segundo reto del campamento consistió en escribir un relato en 2º persona desde la perspectiva de nuestro personaje.

¿Te acuerdas de la primera vez que nos vimos? Sujetabas dos copas con la mirada perdida entre la gente. Fue en ese momento cuando te cruzaste con la mía. Sonreíste en un amago de aparentar estar pasándolo bien y te alejaste de la barra con la clara intención de acercarte. Por el camino, distraído, le tendiste una de las copas a tu amigo y continuaste hacía mi dirección, decidido y sin dejar de sonreír con picardía. Me preguntaste mí nombre, sin ni siquiera saludar, y lo susurraste despacio mordiéndote el labio “Marina…". “Interesante…”  continuaste con el que entonces era tu tono seductor. Me pediste el número sin rodeos, me sacaste a bailar sin apenas preguntar, decidiste que me dejaría llevar y me entretuviste toda la noche. Me acompañaste a casa y me besaste en el portal, con la impaciencia de quien ha esperado hasta el momento oportuno y la delicadeza que te caracterizaba.

¿Recuerdas la primera vez que quedamos? A solas. Llevabas tus vaqueros desgastados, la sonrisa ladeada que sabías que me volvía loca y una flor porque te acordabas de que de fiesta había mencionado que me gustaban las margaritas. Condujiste por la costa preguntándome sobre mi vida. Escuchaste mi historia sin pestañear, no me miraste con compasión ni con lástima, solo me abrazaste al bajar del coche. ¿Te acuerdas de aquella gaviota que te persiguió en la playa? De cómo corrías desesperado, de cómo no podías parar de reír y de cómo me mirabas con esos ojitos llenos de luz.

¿Eres consciente de cómo fue nuestra relación? ¿De cómo me ilusionaste y me embaucaste con tus palabras? Empezaste sin previo aviso, con palabras bonitas, preguntas incómodas y deseos impensables. Me decías que era tuya y que aquello sonaba bonito. Me recordabas que solo podía salir contigo porque “era muy guapa para que me viese el resto del mundo”, hacías que me lo creyera. Me engañaste con personas que conocía, me mentiste acerca de tu vida y me alejaste de los pocos amigos que tenía. Una vez me preguntaste si era feliz, me vendiste un tipo de amor que no nos correspondía y continuaste con tus artimañas.

¿Sabes por qué lo dejamos? ¿Sabrías decirme los motivos? No sabías nada, o eso proclamabas cuando me enfadaba. Me repetías una y otra vez que nos iría mejor, me prometías que cambiarías aunque no sabías qué cambiar. Me dejaste muchas veces por teléfono y volvías al día siguiente con flores y cartas de “perdones”. Te pensabas que mi mundo giraba en torno al tuyo y con frecuencia me reprochabas que fuera a ver a mí abuela. Mi abuela, ¡ya ves tú que celos te podía dar mi abuela! Un día me contaste que lo estabas pasando mal porque “apenas nos veíamos”, y vivía casi en tu casa. Me hiciste un hueco en tu escritorio para estudiar juntos porque en la biblioteca había mucha gente. Te aprendiste mi horario y me venías a recoger sin pedírtelo. Luego me pediste que dejara de ir a clase.

El día que lo dejamos me suplicaste que te perdonara, te faltó muy poco para ponerte de rodillas. Actuaste como lo hace un manipulador cuando no quiere dejar escapar a su víctima. Me soltaste todo el rollo de que yo era muy importante para ti, que me habías salvado, ¿tú a mí? Ni tú te lo creías. Me dijiste te quiero entre lágrimas de cocodrilo, no me soltabas el brazo y cuando viste que la situación no se resolvía cómo querías, me levantaste la mano. Te volviste hecho una furia, ni siquiera tú te reconocías, pero lo hiciste.

             

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