A veces cometemos actos sin pensar, sin pararnos a deliberar qué consecuencias puede tener tomar una decisión u otra. Acciones que surgen de una pulsión interna que nos da fuerza para realizar aquello que en el fondo queríamos, aunque no tuviéramos pensada ninguna justificación.
No siempre sale bien ni siempre sale mal, a veces se queda en stand by y a veces causa más daños colaterales de los que se podrían esperar. No obstante, tu ya lo has hecho y aunque sea por milésimas de segundo, sientes placer porque en el fondo querías.
No tienen porqué ser hechos muy llamativos, decisiones muy importantes o trascendentales. Pueden ser simplemente pequeños pasos de nuestro día a día, cosas cotidianas que nos costaban un mundo, la subjetividad reina en esos momentos y el cómo vivimos y cómo interpretamos nuestras "movidas" influye en esos actos impulsivos.
Es de uno de esos impulsos de donde nace la idea de crear una cascada de desahogos, de frases inconexas, incoherentes incluso, sin más animo o motivo que obligarme a ser continua y constante por una vez en la vida y no caer en la trampa del abandono el segundo día.
Ir sin brújula y sin mapa no tiene que ser muy complicado cuando ya te has recorrido los caminos para superar la vergüenza y te has perdido varias veces en mareas de guiones, planes, tachones y barreras.
Creo mucho en que cada una de nosotras podemos llegar (después de pelear contra nuestras propias batallas) a crear nuestro espacio de confianza, incluso nuestro espacio seguro, en el que refugiarnos de los contratiempos.
He aquí pues el intento de uno cuyo contenido aun está enmarañado y cuya durabilidad pende de un hilo.